Dejados al margen por la subida de los precios de la energía en España

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Leganés (España) (AFP) – En su piso de las afueras de Madrid, Pamela Ponce ya no enciende la calefacción a pesar del frío penetrante que entra por las ventanas.

“Han subido mucho los precios, no me queda de otra”, suspira Ponce, una joven madre peruana, con la voz resignada.

En esta mañana de enero muy fría, la temperatura exterior ronda los cinco grados centígrados (41 grados Fahrenheit). Y adentro, apenas hace mucho más calor.

“Adentro también puede hacer mucho frío, sobre todo cuando no hay sol”, cuenta mientras recorre las tres habitaciones donde vive con su madre y sus dos hijos en Leganés.

Esta mujer de 32 años dice que no ha podido pagar sus facturas de electricidad durante los últimos tres meses, ya que los precios en España se dispararon un asombroso 72 por ciento durante el último año, uno de los aumentos más altos dentro de la Unión Europea.

El aumento ha sido en parte impulsado por la excesiva dependencia de España del gas para producir electricidad y la falta de un proveedor de energía importante como en muchos otros países para ayudar a mantener los precios bajo control a través de tarifas reducidas.

“Antes pagaba entre 35 y 60 euros al mes pero ahora son más de 100 euros, sin contar la gasolina que también ha subido”, explica Ponce, que no trabaja desde que se contagió de Covid y le dejó una secuela muy severa. efectos, afectando notablemente a su mano izquierda.

«Simplemente no sé qué hacer», dice la ex señora de la limpieza que admite que depende de su ex pareja para pagar el alquiler y comprar comida.

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«Siento que me estoy ahogando», susurra, con la voz ahogada por la emoción.

En un intento por calentar el piso, ha comprado un calefactor que funciona con una botella de gas que mueve de habitación en habitación según lo que necesiten.

«Es más barato», dice ella. Pero todo lo demás está estrictamente racionado.

«Mis hijos solo se duchan cada dos días (y) generalmente cocino durante 2 o 3 días a la vez para no tener que encender tanto la cocina», explica.

Cada vez más familias afectadas

Y hay muchos otros como ella.

“Cada vez son más las familias que tienen dificultades para pagar sus facturas” y “tienen que elegir entre pagar la comida o la luz a final de mes”, señala Sara Casas, responsable de medio ambiente de Cruz Roja Española.

El año pasado, el gobierno de izquierda de España anunció una serie de recortes de impuestos para tratar de reducir las facturas de los hogares, pero ni siquiera esto compensó el enorme aumento de los precios.

Según la UOC, la mayor organización de consumidores de España, la factura eléctrica media anual de los hogares en España ha pasado de 675 euros en 2020 a 949 euros en 2021, un 41 por ciento más.

El salto récord anterior, en 2018, fue del 18 por ciento.

Las personas vulnerables, como «las madres solteras con hijos, las personas mayores con bajos ingresos y los inmigrantes» se ven particularmente afectadas porque muchos «luchan para obtener beneficios porque hay muchos trámites burocráticos y hay que traer mucho papeleo». dice Casas.

Capas, calentadores caseros

Según una campaña de sensibilización de Médicos del Mundo, unos 6,8 millones de los 47 millones de habitantes de España sufren en mayor o menor grado la «pobreza energética».

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Tal situación trae consigo “un mayor riesgo de padecer bronquitis crónica, depresión y ansiedad”, dice la ONG.

Uno de los que luchan es Raúl, un técnico informático de 55 años que vive con su mujer, su hija y su suegra de 82 años en la ciudad noroccidental de A Coruña.

“Cada vez que prendemos algo, tenemos que pensar en cuánto subirá la cuenta”, dice Raúl, quien no trabaja desde que sufrió un derrame cerebral en marzo de 2021 y la familia vive del salario de su esposa.

«Mi neurólogo me dijo que debía evitar el estrés pero es muy difícil cuando no sabes si vas a poder pagar las cuentas del próximo mes», dice, y reconoce que apenas han encendido la calefacción este invierno, a pesar de la el frio y la humedad.

Muchas personas se ponen capas y mantienen las cortinas cerradas para mantenerse calientes. ÓSCAR DEL POZO AFP

«Le compramos una manta térmica a mi suegra» y «dentro de la casa siempre uso muchos jerséis o abrigos», dice.

También ha estado tratando de improvisar un calentador casero.

«Es una solución temporal», se encoge de hombros Raúl, quien dice que cruza los dedos «para que los precios eventualmente bajen».

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